
Por su dial han pasado grandes de la literatura latinoamericana, como Borges y León de Greiff, sin contar con la rica programación musical que ha recorrido las obras de los compositores claves de la música clásica, del jazz, del blues. Ha luchado, día a día, según cuenta Castaño, con "su majestad la sintonía" y con patrocinadores poco convencidos de que cada uno de sus radioescuchas tuviera el poder adquisitivo equivalente al de veinte personas de sus competidores comerciales.
A pesar de todo, ha sobrevivido y su propósito pedagógico y difusor de la cultura ha tocado a más de tres generaciones de colombianos. Fue esta la primera emisora privada en centrar su programación -ampliada a 24 horas desde el año 2000- en los eventos musicales y literarios más relevantes de Bogotá y del mundo. Hoy en día, esta joya de la cultura cuenta con un archivo magnífico: el compendio de todas sus emisiones, con lo que construyen así su historia, que es también testimonio sonoro de esos primeros años en los que el mundo llegaba en forma de ondas radiales al corazón de la capital de Colombia.
La 'Colección literaria HJCK' -recopilación de entrevistas, de autores que leen sus obras, con un modesto valor comercial- ha llevado a numerosos hogares la voz de poetas y escritores como Julio Cortázar y Pablo Neruda, cuyas palabras sólo habíamos leído pero nunca escuchado. Aun con radionovelas como Bach: el viejo peluca o Beethoven, locura genial, la HJCK subió, sin duda, el nivel cultural de la radio nacional e hizo asequible, a quien la sintonizara, la vida de compositores e intérpretes. Abrió el camino para el brote de emisoras afines, como las universitarias de la Jorge Tadeo Lozano, Javeriana y Nacional.
Si bien el eslogan "para la inmensa minoría" buscaba responder a la dictadura de la audiencia, terminó siendo cierto: porque lo que empezó como un proyecto minoritario es hoy indispensable en la historia cultural de nuestro país.Fuente: El Tiempo, Colombia
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